Agustín Avenali

Aug 12, 2020

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Ígor, el olvidado

El fair play es un verde campo donde florecen miles de cosas para contar. Esta vez, sirve como trampolín para traer a una figura del pasado: la historia de Ígor Aleksándrovich Netto, leyenda soviética olvidada por el resto del mundo.

El año pasado, Marcelo Bielsa estuvo en boca de todos por su decisión de que su equipo, el Leeds United, se dejase marcar un gol, luego de que hubiera convertido cuando el rival estaba en inferioridad numérica con un jugador lesionado. Esta noticia, que engrosa el historial anecdótico del Loco, sirve como excusa para traer al presente otra historia, una página dorada en el libro del fair play. Porque no todo es ganar.

Detengámonos primero en su protagonista: el jugador soviético Ígor Netto. De familia estonia, nació en Moscú en un frío enero de 1930. Aprendió a dominar el balón en las korobkas, esas pequeñas pistas multiuso existentes entre los grises bloques de edificios moscovitas. Muchos de los mejores jugadores de su generación desarrollaron sus habilidades en esos espacios reducidos, por lo que después les era muy sencillo regatear en campo abierto.

A los 19, el Spartak de Moscú le echó el ojo y lo fichó como defensa, aunque al poco tiempo se convertiría en un mediocampista de constante ida y vuelta, un pie zurdo quirúrgico para los pases y un liderazgo sólido. Gracias a él y a otras jóvenes promesas por las que apostó el alicaído Spartak de la posguerra, los rojiblancos se hicieron con la Copa en 1950 y la Liga en 1952 tras más de diez años de sequía. En total sumaría ocho títulos con el club, el único al que defendió en sus dieciocho años de carrera.

No sólo de patear cueros iba su infancia, sino que también era un as del hockey sobre hielo. De hecho, durante dos temporadas fue profesional al mismo tiempo en ambos deportes con la camiseta del Spartak, pero le era difícil organizarse entre los dos. Así que se quedó con su gran amor: el fútbol.

Rápidamente fue convocado a la selección soviética, con la que jugaría 54 partidos. Participó en la heroica remontada ante Yugoslavia en Helsinki 1952, donde El Equipo del Pueblo empató el partido tras ir 5–1 abajo. Dos días más tarde, la URSS caería en el replay. Pero ese equipo ya anunciaba que estaba para grandes cosas.

Ya con un Netto de 26 años llevando la cinta de capitán, los soviéticos llegaron invictos a la final de los Juegos Olímpicos de 1956, en Melbourne. El rival: Yugoslavia, verdugo de cuatro años atrás. Pero esta vez la URSS no tuvo problemas para vencer por uno a cero y llevar a casa su primera medalla de oro. En el largo viaje de regreso, Ígor se enteró de que su padre había muerto, pero no dijo nada para no empañar el festejo de sus compañeros.

Se vivía la Era Dorada del fútbol soviético. En 1960, Netto alzó el trofeo de la primera Eurocopa, entonces llamada Copa de las Naciones de Europa, tras una nueva final ante los yugoslavos. Pero no estaba solo: compartía equipo con otros grandes jugadores como Anatoly Ilyin y el legendario Lev Yashin.

Netto, campeón europeo de 1960.

Llegamos al momento que nos ocupa hoy: Copa Mundial de 1962, en Chile. En el debut, la URSS venció a Yugoslavia 2 a 0. El segundo partido, en Arica, fue un revés: le ganaban a Colombia 4 a 1, pero los sudamericanos se convirtieron en fieras y empataron el partido, incluyendo el hasta ahora único gol olímpico en mundiales. Comenzaban a llover las críticas y la mala forma de Yashin era señalada como una de las causas del mal momento. ¿Cómo iba a recibir un gol desde un tiro de esquina quien era considerado el mejor portero del mundo?

Todo esto convirtió en decisivo al choque que cerraba el grupo, frente a Uruguay. Había que ganar sí o sí para avanzar a cuartos de final. Los soviéticos se pusieron arriba en el primer tiempo, y quince minutos más tarde los rioplatenses empataron.

Los nervios crecían de aquel lado de la cortina de hierro, hasta que todo fue celebración cuando un disparo de Ígor Chislenko fue a parar a la portería. Pero Netto notó que algo andaba mal. Tras una pequeña charla con Chislenko se dirigió al árbitro italiano Cesare Jonni y mediante gestos le explicó lo mismo que le reclamaban los uruguayos: que el balón había entrado por un agujero en la parte exterior de la red, por lo que el tanto no debía ser convalidado. El colegiado acató el pedido y el encuentro continuó igualado.

“Deberíamos poder ganar sin necesidad de un error arbitral”, escribió luego el capitán en su autobiografía. Finalmente, para alivio suyo, de sus compañeros y de la población soviética, el delantero del Torpedo Moscú Valentin Ivanov convirtió el gol de la victoria en el minuto 89. De todos modos, la estancia en Chile sería breve ya que caerían ante el equipo local en cuartos de final.

Apodado El Ganso por su voz aguda y su peculiar andar, Ígor Netto finalizó su trayectoria internacional cuatro años después como una leyenda, aunque quizá el haber sido contemporáneo a La Araña Negra le quitó popularidad fronteras afuera de la URSS. Tras el retiro, fue entrenador de hockey sobre hielo y de fútbol, pero no tuvo una carrera muy prolífica en el banquillo. Murió a los 69 años y en la última etapa de su vida sufrió del mal de Alzheimer.

Pero para nosotros siempre será un héroe del fair play, que con aplomo y en un partido delicado sacó a relucir la más valiosa de sus características: la honestidad. Por amor al juego, porque no todo es ganar.

Flâneur, escritor fantasma, periodista, creador de podcasts. Un buscador de historias. / Flâneur, ghostwriter, journalist, podcasts creator. A story seeker.

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